Haciendo camino al andar

Alguna vez leí que a nivel cerebral cuando aprendemos algo por primera vez nuestras neuronas tienen que establecer nuevas conexiones entre ellas, activándose así las zonas de nuestro cerebro designada para determinada acción (Ejm: aprender a manejar un auto, aprender un nuevo idioma, entre muchos más). Es como si de alguna manera cobrara vida esa expresión del poema de José Santos Chocano: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”; y de igual forma, nuestras neuronas "hacen su camino al andar”.

Fotografía:  Jack Anstey

Fotografía: Jack Anstey

Ese proceso de aprendizaje puede tomar semanas, meses e incluso años (y en algunos casos ¡Toda una vida!); y una vez establecido, hace que pasemos a hacer las cosas de manera automática, en donde aquellas “nuevas” actividades se convierten en parte de nuestra rutina. Volviendo al ejemplo de manejar un carro, quizás ya ni nos percatamos al 100 por 100 de todos los detalles, como cuando recién éramos novatos en el manejo. Comenzamos hacer la actividad de manera natural, como si nunca hubiese habido un inicio y teniendo esa sensación (para los demás y también para nosotros mismos) como que "casi casi" hubiéramos nacido con ese conocimiento y/u habilidad. Aquello que nos parecía imposible, pasa a ser parte de nuestras vidas. 

Sin embargo, llega el momento en que la vida coloca nuevos retos en nuestro camino y quizás nos toque salir de nuestra “zona de comfort” y cambiar de camino. Aquella zona en la que nos sentíamos seguros y tranquilos, teniendo todo bajo control y además, en donde hasta lográbamos de cierta manera predecir el futuro en base a la información previa y a nuestras experiencias… ¡cambia!. 

Es así que al ser motivados por un cambio, que se presente en nuestra vida o en la de las personas más cercanas a nosotros (familia y/o amigos), nos vemos frente a esa difícil decisión de salir de nuestra “zona de comfort”. Y es ahí donde comienza una nueva travesía. En mi caso, durante 5 años de mi vida estuve trabajando para una misma empresa. Casi la totalidad de mi día estaba copado por lo que la empresa representaba en mi mente. Mientras más responsabilidades asumía, más se incrementaba mi nivel de compromiso y participación en la empresa. 

Fotografía:  Andrik Langfield

Fotografía: Andrik Langfield

Sin embargo, llegó el día en que me ví frente a la necesidad de hacer un cambio. La empresa fue vendida y con ello la reestructuración organizacional, lo que significó cambios en algunos puestos, entre ellos, el mío. De esa manera, después de tener durante años mi agenda casi completamente llena de actividades laborales pase a tener más “tiempo”, lo cuál fue abrumador. ¿Qué hacer con tanto tiempo?, ¿Dónde quedaron todas aquellas reuniones laborales?, ¿Qué paso con el “lo necesitamos para ayer”?… simple y sorprendentemente tenía “TIEMPO". 

Inicialmente, comencé a buscar ser contratada nuevamente por una empresa. Otra empresa que pueda copar mi mente. Algún otro lugar físico y mental en donde pudiere colocar mi energía y expectativas. Sin embargo, con un grupo de amigos que conocí al participar en un assessment center, comenzó a surgir - poco a poco - la idea de crear algo propio y pasar al grupo de “los independientes”, “los emprendedores”. 

Mis neuronas tuvieron que comenzar a hacer nuevas conexiones y aprender con la curiosidad de un infante todo aquello que implicaba crear una empresa. Se inició así un nuevo camino al andar (el cuál aún continúo recorriendo). Y hasta ahora puedo decir que este camino va teniendo muchos momentos de alegrías y satisfacción, y también momentos difíciles y de retos. De aquellos retos como emprendedor, considero que el principal es el ser perseverante y fortalecer la tolerancia a la frustración. Y es que, a veces los planes no se plasman tal cual lo soñamos. Por mucha planificación que uno dedique a los proyecto en algunas oportunidades pueden haber factores externos y también internos que influyen en el desarrollo de nuestro emprendimiento. Sin embargo, es en esos momento en donde uno se fortalece al decidir enfrentar aquello que parecía ser ser inalcanzable.  

Nos toca salir y explorar. Descubrir el mundo y aprender que no necesariamente es como lo conocíamos. Así como nuestros ancestros, en el proceso de evolución del ser humano, se vieron forzados a salir en búsqueda de alimentos frente a los constantes cambios climáticos por los que atravesaba nuestro planeta. Pero siempre en grupo. Por lo que pensaría que ese es uno de los factores - entre muchos otros -  que más nos permitió evolucionar. De igual manera, hoy en día si nos toca salir de nuestra “zona de comfort” hagámoslo buscando contar con la compañía de otros. Tener el apoyo de las personas que más nos quieren, de nuestra familia, amigos y en lo laboral, de nuestros colegas. Fortalezcamos cualquiera sea nuestra capacidad, pero siempre con  la compañía y apoyo de los demás, quienes nos ayudarán a ver si el camino elegido es el mejor. 

Por ahora dejo esta reflexión por acá mientras sigo haciendo camino al andar y mi mente desarrollando una nueva y diferente concepción de la vida.

Por: Alexandra Oporto

alexandra.oporto@navelab.pe

Fotografía:  Nik Shuliahin

Fotografía: Nik Shuliahin

Alexandra Oporto